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Cómo ayudar a los niños a dormir mejor por las noches

En este artículo te voy a explicar cómo es el sueño infantil y cuáles son los principales trastornos del sueño en niños para que puedas ayudar a que tu hija o hijo duerma mejor por las noches.

¿Cómo es el sueño en los niños? ¿En qué se diferencia el sueño infantil del sueño de un adulto?

El sueño es una necesidad fisiológica básica diaria necesaria para mantener el equilibrio mental, emocional y el bienestar de cualquier persona, ya sea adulto o niño.

Nos permite llegar a un nivel mínimo de actividad física y a una disminución significativa de nuestras funciones orgánicas, pasando por varias etapas en las que experimentamos cambios variables en la consciencia para, entre otras finalidades, compensar el esfuerzo fruto de nuestras actividades diarias y recuperar un tono muscular y nervioso óptimo.

En otras palabras, el descanso que conseguimos con el sueño nos ayuda a mantener el equilibrio necesario para estar sanos.

En los niños es necesario establecer unos ritmos diarios de actividad y descanso constantes, de modo que todas sus necesidades básicas queden atendidas en medio de un clima de seguridad, confianza y afecto.

Ahora bien, las necesidades de sueño infantil evolucionan conforme el niño va creciendo y además éste puede tener un carácter singular según el niño.

A grandes rasgos, el sueño en los niños más pequeños como los bebés, se diferencia del sueño de los niños de mayor edad y de los adultos en los siguientes hechos:

  • Durante los tres primeros meses de vida, los bebés presentan las fases del sueño alteradas. Al dormirse caen en un sueño ligero del cual se despiertan fácilmente y a menudo. Además en el sueño del recién nacido, la fase REM ocupa un 50% más de tiempo que en los niños mayores y adultos.
  • Los recién nacidos necesitan dormir prácticamente el doble que los adultos, ya que durante el sueño tiene lugar la parte más importante del desarrollo y maduración de su cerebro, sistema nervioso y del crecimiento de su cuerpo.
  • A partir de los tres meses, los bebés caen primero en sueño profundo, que todavía no está organizado en los cuatro fases del sueño de los adultos (fase de ensoñación, sueño lento o sincronizado, sueño REM o rápido y despertar). Esto se extiende hasta los seis meses de edad aproximadamente, momento en el que el sueño infantil es muy similar al de un adulto.
  • Hacia los seis meses, el niño pasa por todas las cuatro fases del sueño de un adulto. No obstante, empieza un período de adaptación al sueño: es frecuente que se despierte varias veces por la noche hasta que al cumplir el año ya comienza a ser capaz de dormir de una sola vez.

A menudo los niños se despiertan en la transición entre el sueño ligero y el sueño profundo.

Algunos niños son capaces de volver a dormirse con facilidad, mientras que otros necesitan la compañía y el consuelo de los padres o adultos para volver a conciliar el sueño.

Esto ocurre porque al despertarse en esta transición, es habitual que los niños comprueben su entorno y si perciben cambios importantes, algunos de ellos se alteran.

Hay varios factores que pueden alterarlos en este despertar entre el sueño ligero y el profundo, como pueden ser despertarse en una habitación distinta a la que se habían quedado dormidos, quedarse dormidos en los brazos de la madre o el padre y despertarse solos o haberse dormido con el chupete y despertarse sin él.

Cuando esto sucede, algunos niños necesitan la atención y el consuelo de los padres o adultos cuidadores para dormirse de nuevo.

Otro rasgo que diferencia el sueño infantil del sueño adulto es la cantidad de horas necesarias para tener un descanso óptimo.

Sabemos que el promedio de horas que acostumbra a necesitar dormir un adulto sano va de 7 a 8 diarias pero ¿cuánto debe dormir un niño? En los niños, esta cifra puede incrementarse entre las 9 y las 10 horas y en los lactantes entre las 11 y 12 horas por noche.

Los 4 principales trastornos del sueño en niños y qué hacer cuando estos aparecen

Cuando se despiertan en la fase de transición entre el sueño y la vigilia, normalmente son capaces de volver a conciliar el sueño pero si esto no sucede, es cuando comienzan a aparecer algunas alteraciones del sueño en los niños.

Como ya hemos visto, durante los primeros meses de vida, las alteraciones del sueño en bebés son muy frecuentes porque su ritmo biológico es distinto al de un adulto.

Cuando se trata de bebés, es conveniente atenderles en sus necesidades básicas de alimentación e higiene cuando se despiertan entre las diferentes fases del sueño para que se duerman de nuevo, tanto de día como de noche.

A medida que vayan creciendo, su ritmo de vigilia y sueño se adaptará al del adulto y de forma progresiva sus ciclos de sueño se irán alargando.

Ahora bien, mientras esto ocurre el niño va a pasar por un período de adaptación donde es común que se produzcan trastornos en la calidad y cantidad del sueño.

Según el DSM-IV, dentro de los trastornos primarios del sueño, los que ocurren como consecuencia de alteraciones endógenas en los mecanismos del ciclo de sueño y vigilia, distinguimos dos tipos de alteraciones o trastornos distintos: las disomnias y las parasomnias.

¿Cuál es la principal disomnia infantil?

Las disomnias infantiles son trastornos en la cantidad, la calidad y el horario del sueño. La más conocida es el insomnio infantil.

El insomnio es la incapacidad de tener un sueño de calidad. Se refiere a la dificultad para conciliar el sueño o bien a la tendencia a despertarse durante la noche, de tal modo que la cantidad y la calidad del descanso es insuficiente. Se trata de la alteración del sueño más común entre los niños.

A partir del segundo mes de vida, debemos estar atentos si el bebé se despierta con frecuencia durante las noches porque podría tratarse de un trastorno del sueño.

Un número significativo de niños y niñas entre 5 y 6 años presentan insomnio infantil.

En términos generales, podemos hablar de dos tipos de insomnio en niños:

  • Insomnio de inicio: ocurre cuando al irse a dormir el niño o niña tarda más de 45 minutos en conciliar el sueño. (el tiempo necesario que el niño tarda en dormirse para catalogarlo como insomnio de inicio se trata de un tiempo orientativo. En todo caso, si observamos que esto le ocurre con frecuencia, será aconsejable consultarlo con un especialista).
  • Insomnio avanzado: sucede cuando el niño se despierta a mitad de la noche y tarda mucho tiempo en volver a conciliar el sueño.

¿Qué podemos hacer cuando el niño tiene insomnio?

Lo primero que debemos tener presente, tanto en el caso del insomnio como en el de otras alteraciones del sueño, es instaurar en los niños unos buenos hábitos de descanso:

  • Asegurarnos que vayan a dormir a una hora regular cada día.
  • Acostumbrarlos a dormirse con el tiempo suficiente para despertase por ellos mismos y descansados.
  • Favorecer un buen entorno para su descanso: procurar que duerman en un entorno tranquilo, limpio y ordenado y en el que se sientan seguros, cómodos y calmados.
  • Realizar actividades tranquilas antes de acostarse: puede ser la hora del baño, la del cuento o la de la canción de buenas noches. Los niños más pequeños acostumbran a beneficiarse de un ritual previo a conciliar el sueño, les tranquiliza, les da seguridad y les ayuda a prever lo que sucederá después.

Ahora bien, una vez nos encontramos en el caso que el niño no puede conciliar el sueño con normalidad o al despertarse tarda demasiado en dormirse de nuevo, ¿cómo podemos actuar?

  • En primer lugar, analizaremos las posibles condiciones ambientales que estén dificultando su descanso: quizás haya demasiada luz en la habitación o ésta no esté bien insonorizada o bien tenga frío o calor.
  • A menudo ocurre que la niña o niño presenta episodios de insomnio debido a cambios en el entorno habitual donde duerme. Si es así, trataremos de minimizarlos.
  • Observaremos si el pequeño está atravesando un período de estrés fruto de alguna situación que le cause preocupación. Si se trata de una alteración fisiológica o psicológica que se alarga demasiado en el tiempo, será conveniente consultarlo con su pediatra.

¿Cuáles son las principales parasomnias infantiles? ¿Cómo podemos actuar ante ellas?

Las parasomnias se caracterizan por sucesos o conductas anómalas asociadas al sueño, a las distintas fases del mismo o a la transición entre sueño y vigilia.

Algunas parasomnias interfieren en el sueño del niño, como las pesadillas y los terrores nocturnos. Otras suceden sin que el niño sea consciente de ellas, como el sonambulismo.

En este apartado, os voy a hablar de las parasomnias más comunes en niños y cómo podemos intervenir en caso de detectarlas.

¿Cómo actuar ante el sonambulismo infantil?

Como ya sabrás, en el sonambulismo el niño presenta episodios repetidos de comportamientos motores compejos que hacen que se levante y empiece a caminar.

Durante un episodio de sonambulismo, el pequeño puede encender la luz, sortear obstáculos o abrir puertas.

Este trastorno aparece en la fase del sueño lento o sincronizado, cuando el niño está profundamente dormido, por lo que si se despierta en pleno episodio estará desorientado y a la mañana siguiente probablemente no recordará nada del suceso anterior.

En caso que detectemos que el pequeño está en pleno episodio de sonambulismo, podemos intervenir de la siguiente manera:

  • Reconducirlo a la cama, hablarle con frases sencillas y lentamente.
  • Evitar despertarlo porque de hacerlo se encontraría totalmente desorientado.
  • Si conocemos que estos episodios ocurren con frecuencia, podemos tomar medidas en casa para evitar accidentes: retirar los objetos con los que pueda toparse, cerrar ventanas y puertas por las que pueda salir.

¿Qué podemos hacer si el niño sufre pesadillas o terrores nocturnos?

Las pesadillas y terrores nocturnos en niños son una de los trastornos del sueño más comunes dentro de las parasomnias infantiles.

Aunque puedan parecer prácticamente lo mismo, lo cierto es que se trata de alteraciones del sueño en niños distintas.

Las pesadillas en niños tienen lugar en la fase REM, al final de la noche y son más comunes en niñas y niños de entre 8 y 12 años de edad.

Se caracterizan por estar formadas por sueños largos y elaborados, con gran riqueza de detalles que les provocan una fuerte sensación de miedo y ansiedad.

Suelen acabar con el despertar repentino del niño o niña que se despierta en pleno estado de alerta y todavía con miedo.

Cuando un niño o niña sufre una pesadilla, lo más aconsejable es actuar de la siguiente manera:

  • Tranquilizarlo, hacerle ver que esta en casa, en su habitación con todas sus juguetes y objetos familiares y con sus padres o cuidadores a su lado.
  •  Explicarle qué le ha pasado: hablar con él o ella para que comprenda que ha tenido una pesadilla y que ésta no es real.
  • Consolarlo: mostrarle al niño o niña que entendemos que esté asustado y que el miedo es una reacción natural.
  • Crear recursos creativos con su imaginación: podemos utilizar la imaginación del pequeño para inventar recursos que le ayuden a eliminar los causantes de la pesadilla, como un polvo mágico especial para eliminar monstruos y protegerlo.
  •  Ayudarle a volver a conciliar el sueño: le podemos dar afecto y hablarle de cosas agradables y que la hagan reír para cambiar su estado de ánimo, también podemos darle su muñeca o peluche preferido.
  • Escucharle con interés: no es necesario hablar de la pesadilla que ha tenido por la noche, pero sí ayudarle a sentirse tranquilo, seguro y protegido.

En cambio, los terrores nocturnos ocurren durante las fases de sueño profundo, en la primera mitad de la noche. La edad más frecuente de aparición está entre los 3 y los 12 años.

Son episodios de despertar brusco, en los que el niño o niña se incorpora súbitamente sobre su cama, con expresión de pánico, signos de ansiedad, pupilas dilatadas y taquicardia.

En este caso, lo más conveniente es quedarse con el pequeño para vigilar que no se caiga o se haga daño y esperar a que pase el episodio, que puede tardar entre 2 y 10 minutos.

Ahora que ya sabes cómo ayudar a los niños a dormir mejor por las noches, te recomiendo que pongas en práctica estos consejos para que tu hija o hijo tenga el descanso que se merece.

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