La educación emocional en la primera infancia se ha convertido en uno de los pilares más importantes del desarrollo infantil. Acompañar a los más pequeños en el reconocimiento y la gestión de sus emociones no solo mejora su bienestar, sino que sienta las bases de una infancia más sana y de una vida adulta más equilibrada.

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Durante mucho tiempo pensamos que enseñar a leer, escribir o contar era lo prioritario. Sin embargo, hoy sabemos que una nuña o niños que aprende a nombrar lo que siente aprende también a convivir, a concentrarse y a resolver conflictos. Y eso vale para toda la vida.

En este artículo te voy a explicar qué es la educación emocional, por qué es tan importante en el tramo de 0 a 6 años y qué actividades sencillas puedes poner en práctica, tanto si eres madre o padre como si eres educadora o educador.

¡Empezamos!

Qué es la educación emocional infantil y por qué es importante

La educación emocional es el proceso mediante el cual ayudamos a los niños y niñas a identificar, comprender, expresar y regular sus emociones. No se trata de evitar que se enfaden o que lloren, sino de acompañarles para que aprendan a habitar aquello que sienten sin miedo ni vergüenza.

En los primeros seis años de vida, el cerebro infantil crece a una velocidad que no volverá a repetirse en ninguna otra etapa vital. Es precisamente en este período cuando se construyen las conexiones que sostendrán la gestión emocional del futuro adulto. Por eso, cuanto antes empecemos, más firme será esa base.

Una pequeña o pequeño que reconoce sus emociones cuenta con una valiosa herramienta para relacionarse con los demás. Entre los beneficios de la inteligencia emocional en la infancia encontramos:

  • Mayor autoestima y autoconocimiento: al poner nombre a lo que siente, el niño se comprende mejor a sí mismo y gana seguridad interior.
  • Mejores relaciones sociales: comprender las propias emociones facilita reconocer las ajenas, lo que alimenta la empatía y el respeto hacia los demás.
  • Menos conductas conflictivas: un niño que sabe expresar su enfado con palabras recurre menos a las pataletas, los golpes o el llanto desbordado.
  • Mayor tolerancia a la frustración: aprender que las emociones incómodas pasan le ayuda a afrontar los pequeños contratiempos del día a día.
  • Mejor rendimiento en el aprendizaje: la calma emocional favorece la atención, la memoria y la curiosidad por explorar el mundo.

Cómo enseñar a los niños a gestionar sus emociones en casa y en el aula

Enseñar emociones no requiere grandes recursos, sino presencia, paciencia y constancia. Los niños y niñas aprenden a regularse observando cómo nos regulamos los adultos que les acompañamos. Somos, sin darnos cuenta, su primer espejo emocional.

Estas son algunas estrategias de regulación emocional infantil que te recomiendo incorporar poco a poco a la rutina:

  • Pon nombre a las emociones: cuando veas a tu hijo o alumno enfadado, triste o nervioso, ayúdale a identificarlo con palabras. Decir «veo que estás frustrado» ya es un primer paso hacia la calma.
  • Valida siempre lo que siente: ninguna emoción es mala. Enséñale que sentir rabia, miedo o tristeza es tan legítimo como sentir alegría, y que lo importante es cómo la expresamos. Usa cuentos y personajes: las historias son una vía maravillosa para hablar de emociones desde una distancia segura. A través de los personajes, los niños y niñas reconocen lo que les ocurre por dentro.
  • Acompaña sin resolver de inmediato: a veces, los pequeños solo necesitan que estemos a su lado mientras la emoción pasa. Nuestra calma se convierte en su calma.
  • Sé ejemplo: si nombramos nuestras propias emociones en voz alta, les mostramos que hablar de lo que sentimos es algo natural y sano.

El rincón de la calma: una herramienta emocional de gran valor didáctico

Una de las propuestas que más me gusta recomendar es el rincón de la calma, un espacio tranquilo y acogedor donde los niños pueden retirarse cuando una emoción intensa le desborda. No es un lugar de castigo, sino un refugio para reencontrarse consigo mismo.

Puedes crearlo tanto en casa como en el aula con muy pocos elementos: unos cojines, una luz suave, algún peluche y materiales que inviten a la relajación, como un bote de la calma, cuentos de emociones o tarjetas con caras que representen distintos estados de ánimo.

Lo importante es que ellos acudan a este rincón por voluntad propia y que lo asocien a la serenidad, nunca a la exclusión. Con el tiempo, aprenderán a reconocer cuándo necesitan parar y buscarán ese espacio de forma autónoma, que es precisamente la meta de toda educación emocional.

4 actividades de educación emocional para niños de 0 a 6 años

Para terminar, te propongo cuatro actividades emocionales sencillas que puedes adaptar a la edad y los intereses de cada niño, siempre en un entorno donde se sienta seguro para expresarse con libertad:

  • El bote de la calma: llena un frasco con agua, purpurina y un poco de pegamento. Puedes dárselo a tu niña o niño cuando esté nervioso, al agitarlo y observar cómo la purpurina cae lentamente, su respiración se serena. Es un objeto hipnótico y, a la vez, eficaz.
  • El diario de las emociones: permite que sea tu pequeña o pequeño quien elija el cuaderno. El objetivo es que mediante dibujos o pegatinas, registre cómo se ha sentido cada día. Es ideal para los más mayores del tramo, favorece el autoconocimiento y el hábito de mirar hacia dentro.
  • El termómetro emocional: se trata de una lámina con colores o caras que reflejan distintos estados: desde el muy calmado al muy enfadado. El niño señala dónde se encuentra, lo que le ayuda a tomar conciencia de la intensidad de lo que siente.
  • El juego de las emociones: como adultos, representamos con la cara y el cuerpo distintas emociones y vuestro hijo o hija debe adivinarlas, o al revés. Es una forma divertida de trabajar el reconocimiento emocional y la empatía.

Te animo a que incorpores estas propuestas con naturalidad, sin prisas ni exigencias. La educación emocional no se enseña en un día: se cultiva en cada gesto, en cada abrazo y en cada palabra de calma que ofrecemos a los más pequeños.

Recuerda que un niño o niña acompañado en sus emociones es un niño o niña que crece seguro, empático y feliz. Y no hay mejor regalo que podamos ofrecerle, ni como familia ni como educadores, que enseñarle a comprender su mundo interior.

Por mi parte, será un placer conocer las actividades emocionales que mejor os funcionen en casa o en el aula.

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