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¿Cómo tratar a un niño autista? Guía rápida de ayuda para padres y educadores

Cómo tratar a un niño autista

En este artículo te voy a explicar cómo tratar a un niño autista y además te voy a contestar a las principales preocupaciones que padres y educadores tienen sobre el autismo.

¿Qué es un niño autista? ¿Cómo se comporta?

Cuáles son algunos de los principales indicadores que nos pueden hacer sospechar que estamos ante un posible trastorno del espectro autista

Por qué es importante la intervención temprana en el caso de confirmarse el diagnóstico por un profesional cualificado.

Pautas nos pueden ayudar en casa en el día a día y en el contexto educativo del aula.

¿Qué es el autismo infantil o TEA?

El significado del autismo es el de un trastorno anormal o alterado en el desarrollo del niño que suele manifestarse antes de los tres años de edad.

Normalmente persiste a lo largo de la vida y por consiguiente, suele ser permanente.

También es posible que este desarrollo alterado aparezca una vez el niño ya ha cumplido los tres años.

En este caso, los expertos hablan de autismo atípico cuyo criterio es el mismo pero con la excepción de la edad de aparición que es más tardía. Asimismo, puede variar la manifestación clínica de esta alteración.

(Temple Grandin) Trastorno neurológico congénito causado por un desarrollo inmaduro del cerebro

Según la CIE 10 para considerar la existencia de autismo infantil éste debe estar afectando por lo menos una de las siguientes tres áreas:

  • Dificultad en la utilización del lenguaje expresivo en las comunicaciones e interacciones sociales:

Muchos niños diagnosticados con TEA manifiestan dificultades en mantener el contacto visual con su interlocutor o no comprenden la razón de algunos gestos utilizados habitualmente en las situaciones comunicativas.

Por ejemplo, a algunos niños autistas les cuesta entender por qué la gente utiliza el gesto de chocar con la palma de la mano a un compañero o compañera cuando desean congratularse por un logro obtenido o guiña el ojo como un gesto de complicidad.

Además, las personas autistas pueden no expresar demasiadas emociones durante una conversación o hacer poco o ningún uso del lenguaje no verbal.

  • Dificultad en el establecimiento de vínculos sociales y afectivos y en la reciprocidad socio-emocional:

A una persona autista le resultará complicado entender las normal sociales: la comprensión de los turnos habituales que se suceden en una conversación, cuáles son las formas más adecuadas para acercarse a una persona en una situación de interacción social o el hecho de interesarse por los temas de interés de otras personas.

  • Dificultad en la comprensión y uso de símbolos en el juego:

En resumen, a grandes rasgos la persona autista se caracteriza por manifestar diferentes grados de alteración en el lenguaje y la comunicación, en las competencias sociales y en la imaginación.

Prevalencia del autismo infantil

Según los datos que aporta la OMS – Organización Mundial de la Salud -, se estima que 1 de cada 160 niños puede tener un trastorno del espectro autista.

Esta cifra solamente debe considerarse una media estadística, ya que en función de los estudios de referencia los datos pueden variar. No obstante, en algunos estudios bien planteados las estadísticas de la prevalencia del autismo reflejan cifras mayores a ésta.

Generalmente, los síntomas del autismo aparecen antes de los tres años y afecta a todo tipo de personas de distintas clases sociales y étnicas, aunque se calcula que es cuatro veces más frecuente en niños que en niñas.

Cómo saber si un niño es autista: Síntomas o indicadores

Algunos de los síntomas del autismo en niños que nos pueden hacer sospechar que podemos estar ante posible un trastorno del espectro autista o que nos pueden ayudar a descartar aquellos niños que parecen autistas pero no lo son, son los siguientes:

  • Rechaza el contacto físico o se muestra incómodo con él.
  • No emite vocalizaciones o gestos comunicativos al llegar al año.
  • No produce ninguna palabra espontánea a los 16 meses de edad.
  • No ha generado ninguna conducta de juego simbólico a partir de los dos años.
  • No muestra interés por los juguetes.
  • Evita el contacto ocular, físico, comunicativo con los niños y niñas de su clase o con educadores y familiares.
  • Realiza actividades repetitivas o movimientos estereotipados y reiterados sobre sí mismo.

Cómo tratar a un niño autista: Pautas qué podemos adoptar para ayudarle en su día a día

Para empezar es bueno tener presente que el autismo no se trata de una enfermedad, sino un conjunto de síntomas y signos que indican una alteración de las funciones esenciales en el desarrollo de la persona.

Podemos contribuir en la mejora de la calidad de vida de la persona autista de formas muy variadas, enseñándole nuevas habilidades con la intención de hacerla más autónoma e independiente.

Importancia de la intervención temprana en niños autistas

El primer paso importante y esencial es que se realice el diagnóstico y se planifique la intervención educativa lo más tempranamente posible.

A menudo, transcurre un tiempo excesivo entre que la familia y el entorno educativo del niño se dan cuenta de los primeros síntomas y se deriva al profesional adecuado para el diagnóstico e intervención correctos.

Este tiempo es clave para ayudar a los niños con TEA a tener un desarrollo lo más armónico y óptimo posible dentro de sus capacidades y poder inserirse en su entorno social de la forma más adecuada.

¿Qué hacer si detectamos estos indicadores del autismo en el aula?

Si somos educadores infantiles o trabajamos con niños y nos percatamos de estos síntomas, es conveniente que traslademos nuestras observaciones al resto de miembros del equipo educativo.

Especialmente, al director del centro educativo y a los padres del niño o niña para que consideren oportuna la realización de un proceso de evaluación psicopedagógica.

El objetivo de este evaluación es identificar, evaluar y determinar el tipo de necesidades educativas específicas que pueda precisar el niño.

¿Cómo tratar a un niño autista en el aula?

En el contexto educativo de una aula, siempre y bajo las indicaciones del psicopedagogo o profesional que esté atendiendo al niño, deberemos adecuar el espacio educativo a las características individuales de él o ella.

Es bueno que tengamos presente que cada niño autista es único. Por lo tanto, deberemos dedicar un tiempo para conocerle:

¿Qué actividades le gustan más?

¿Qué otras no tanto?

¿Hay objetos o situaciones que le molesten especialmente?

¿Qué estímulos le sobrepasan y le causan ansiedad?, etc.

Además, hay una serie de pautas que a nivel general suelen ser útiles para planificar actividades para niños con autismo y hacer posible su aprendizaje en el aula en las mejores condiciones:

  • Planificar actividades dirigidas, no libres, ya que los niños autistas no aprenden de forma espontánea sino que necesitan unas pautas claras y sencillas.
  • Ayudarnos de refuerzos materiales y sociales para compensar su falta de interés hacia el entorno y algunos posibles déficits cognitivos que pueda tener.
  • Reforzarle aquellas habilidades en las que sea más competente, para potenciar respuestas adaptativas, de forma que iremos retirando progresivamente los refuerzos a medida que el niño logre lo que se espera, con el fin de no desviar el objetivo a conseguir y crear dependencias.
  • Aprovechar sus capacidades visuales y espaciales utilizando soportes visuales en el aprendizaje, con pistas visuales que le ayuden a estructurar y prever los sucesos de su entorno.

Como hemos comentado anteriormente, dado que cada niño es único, utilizaremos unos u otros recursos en el aula o escogeremos unos más que otros en función de cómo reaccione cada niño o niña.

Por ejemplo, uno de los recursos que se utiliza con frecuencia en el aula escolar en el caso de un niño autista que no se comunica verbalmente o lo hace con serias dificultadas es el tablero de comunicación.

Tablero de comunicación: pictogramas para niños autistas

El tablero o plafón de comunicación se trata de un sistema aumentativo y alternativo de comunicación basado en pictogramas que expresan necesidades, acciones básicas, estados anímicos, etc.

El objetivo de este sistema alternativo de comunicación es que el niño con serias dificultadas para comunicarse y expresarse oralmente, pueda hacerlo mediante un soporte alternativo.

En este enlace dispones de un ejemplo de plafón de comunicación con varios pictogramas para niños autistas para que lo podáis imprimir en casa.

Estos pictogramas están pensados para una niña o niño con autismo moderado de unos 4 años.

¿Cómo comunicarse con un niño autista en casa? Pautas generales que sirven de ayuda para niños con autismo

En una de sus conferencias, la doctora Temple Grandin, diagnosticada de autismo desde niña y reconocida autoridad en el tema, da una serie de pautas a los familiares de niños con autismo para ayudarles a que sean cada vez más autónomos y funcionales. Mencionamos algunas de ellas:

  • Evitar gritarles o hablarles con alaridos

Esta pauta debería aplicarse en el caso de cualquier niño, pero en el caso de niños autistas todavía deberemos tener mayor cuidado.

  • Dar instrucciones claras y precisas

La doctora lo explica con el siguiente ejemplo, si el niño está comiendo puré de guisantes con las manos, en lugar de decirle “no, no comas con las manos” es mejor darle la instrucción clara de cómo deseamos que coma.

En su lugar podemos decirle: “usa el tenedor”.

Para la doctora Temple Grandin enseñar a un niño con autismo es cómo enseñarle a alguien que visita un país extranjero por primera vez.

  • Tratar de ampliar su zona de confort progresivamente

Generalmente, los niños autistas acostumbran a tener intereses reducidos y suelen preferir quedarse jugando en entornos seguros que ya conocen, como la habitación de su casa, y que les proporcionan seguridad. 

Para evitar que el niño se aísle, es aconsejable tratar de ampliar su zona de confort.

Podemos probar a que juegue en una habitación distinta de la casa, realizar una ruta alternativa de casa a la escuela o ir a comprar a un supermercado diferente.

Eso sí, deberemos tener en cuenta que los cambios deberán ser progresivos, ya que si le exigimos demasiado, le provocaremos pánico o temor.

  • Empujarles con demasiada insistencia hacia una dirección puede causarles sobrecarga y obstaculizar su progreso

Como hemos comentado en el anterior apartado, deberemos proponer pequeños cambios de forma que el niño o niña pueda ir asimilándolos y no se vea sobrepasado. Para ello, es recomendable que estemos atentos a sus reacciones.

  • Evitar las sorpresas repentinas

Los niños autistas necesitan rutinas o acontecimientos que conozcan o puedan prever. Las sorpresas inesperadas les pueden causar miedos o rabietas.

  • Es recomendable alentar a que prueben cosas nuevas y a que sigan aprendiendo

Esta pauta es especialmente importante en el caso de adolescentes o adultos.

Motivándoles a que encuentren nuevos temas en los que interesarse o nuevas habilidades a aprender, les estamos ayudando a que no se estanquen en unos pocos intereses reducidos.

  • Crear oportunidades para que los niños usen el lenguaje

La doctora ha observado que con frecuencia muchos padres tienden a hablar por su hijo autista, de forma que no les permiten expresarse por ellos mismos.

Para evitarlo, es conveniente proporcionar al niño situaciones en las que le incentivemos a utilizar el lenguaje y en las que le demos el tiempo suficiente para que pueda expresarse a su ritmo.

  • Mantener una comunicación constante entre la escuela y el hogar

Es aconsejable que haya una comunicación diaria entre la escuela y el hogar.

Así nos aseguramos que las normas entre ambos ámbitos sean coherentes y estamos garantizando al niño o niña una educación continuada y homogénea.

  • Incentivarlo con aquellas actividades que más le gusten o en las que más destaque

Si por ejemplo, la niña o el niño es bueno sumando cifras de números y ésta es una actividad que le causa gozo o bien le calma cuando está ansioso, podemos facilitarle juegos de aritmética o elaborar con él un juego en el que tenga que hacer uso de los números.

Una propuesta puede ser la de crear juntos un supermercado casero, en el que haya varios artículos – en función de cada niño adecuaremos el tipo de artículos que vamos a seleccionar, el color de los mismos, etc -.

Por ejemplo, si es un niño con una sensorialidad visual extrema que no tolera los colores fuertes, pondremos artículos y decoraremos nuestro supermercado con colores pastel más suaves.

Con esta actividad aprovechamos la habilidad y el disfrute del niño, orientándolo a una actividad práctica de la vida real y ayudándole a socializarse, ya que en este juego es necesario que haya una persona que ejerza el rol de compradora y otra de vendedora.

Como esta propuesta, podemos planificar unas u otras en función del perfil, necesidades y preferencias de cada niño autista.

  • Acostumbrar al niño a tolerar aquellos estímulos que no soporta bien y que no son perjudiciales para él

Muchos niños diagnosticados de autismo tienen una sensibilidad sensorial extrema, especialmente a nivel visual y/o auditivo, de forma que se saturan rápida y fácilmente ante estos estímulos o reaccionan desproporcionadamente.

La doctora Temple Grandin lo ejemplifica explicando el caso de un niño autista que teme los globos porque lo que le da miedo de ellos es el ruido que hacen cuando estallan.

En este caso, propone exponerle progresivamente al estímulo que teme: los globos.

El primer día, podemos presentarle un globo deshinchado

Al segundo; le presentamos el mismo globo y lo hinchamos ligeramente delante de él.

Al tercero; le permitimos que lo estalle o lo hacemos nosotros para que se vaya habituando.

El ritmo y la exposición va a depender del grado de sensibilidad de cada niño.

Cuando no es posible desensibilizarlo, la doctora sugiere que podemos estar ante un caso de extrema sensibilidad sensorial.

En estos casos, aconseja comprobar la capacidad auditiva de la niña o niño llevándolo a un médico especializado para conocer si existe algún problema auditivo.

En caso que exista un problema, el médico especialista nos ayudará a remediarlo y a comunicarnos con él o ella de la forma más adecuada.

  • Dar el tiempo suficiente para que el niño con autismo pueda responder

Los niños autistas no acostumbran a cambiar fácilmente su foco de atención; algunos lo desplazan lentamente mientras que otros sencillamente no lo hacen.

Es habitual observar que al mirar películas se centran más en la zona de la boca que en la de los ojos, a causa del problema que tienen con los detalles auditivos.

Por este motivo, cuando les preguntemos y esperemos de ellos una respuesta o acción, la doctora aconseja que les hablemos lentamente y les demos el tiempo suficiente para que puedan acceder a su memoria y responder.

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