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2 ejercicios de motricidad fina para niños

2 ejercicios de motricidad fina para niños

En este artículo te voy a mostrar 2 ejercicios de motricidad fina para niños y además te voy a dar respuesta a las siguientes preguntas:

  • ¿Qué es la psicomotricidad?
  • ¿Cómo surgió esta disciplina y qué repercusión tiene en el ámbito educativo para los niños y niñas de la actualidad?
  • Y ¿qué es la psicomotricidad fina? ¡Vamos allá!

¿Qué entendemos por psicomotricidad?

Según el Congreso Europeo de Psicomotricidad celebrado en Alemania el 1996, por psicomotricidad nos referimos a la disciplina que integra las interacciones cognitivas, emocionales, simbólicas y sensoriomotrices de una persona o niño en su capacidad de ser y expresarse en su contexto social.

De modo que la psicomotricidad está directamente relacionada con el desarrollo psicológico del niño, además de tener un papel fundamental en el desarrollo armónico de su personalidad.

Este desarrollo se produce gracias a la interacción activa del niño o niña con su entorno, partiendo del conocimiento y control consciente de su cuerpo para evolucionar hacia el conocimiento y actuación sobre el mundo que le rodea.

Pierre Vayer, uno de los principales autores de la educación vivencial, la definió como la educación en general del ser humano a través de su cuerpo.

¿Cuándo nace la psicomotricidad infantil?

Aunque los orígenes de esta disciplina se remontan al siglo XIX, en que los primeros neurólogos y psiquiatras empezaron a estudiar el cuerpo con el fin de comprender las estructuras cerebrales y comprender las alteraciones que afectaban el esquema corporal en personas con lesiones cerebrales, fue Ernest Dupré quien, dentro del campo de la patología, introdujo el término psicomotricidad.

No obstante, esta primer enfoque estaba relacionado con la debilidad motora y se centraba en la posibilidad de reeducar al niño o adulto, estableciendo relaciones entre el movimiento y el psiquismo.

A partir de aquí esta disciplina fue evolucionando y extendiéndose a otros campos de la ciencia, hasta llegar al concepto de psicomotricidad actual.

En España, la psicomotricidad surgió inicialmente dentro del ámbito educativo, como una herramienta de cambio en las escuelas.

¿Qué es la motricidad fina?

Cuando hablamos de motricidad fina nos referimos a la coordinación precisa de los movimientos musculares pequeños de nuestro cuerpo, por tanto, a la habilidad de realizar movimientos precisos y coordinados de aquellas partes más pequeñas como los dedos, las manos e incluso los pies.

Ahora bien, dentro de la educación infantil nos centramos en la adquisición progresiva de la destreza manual de los niños y niñas o en otras palabras, en la manipulación.

¿A qué llamamos manipulación en el desarrollo infantil?

En educación infantil, cuando hablamos de manipulación nos referimos a la adquisición de las destrezas que el niño va desarrollando a partir del reflejo de prensión, hasta evolucionarlas hacia lo que llamamos movimientos manipuladores elementales como coger un objeto, dejarlo ir, atrapar algo, lanzar o recibir.

Y a partir de aquí, avanzar hacia habilidades de mayor complejidad como dibujar, modelar con las manos y escribir.

¿Por qué es importante adquirir unas buenas habilidades manipulativas para el desarrollo de la grafomotricidad en los niños?

Para que la niña o niño pueda empezar a expresar sus vivencias e inquietudes internas, aquello que le ocurre en su interior mientras se relaciona con los demás y su entorno, por medio de representaciones gráficas que realizará gracias a instrumentos propios como sus manos o externos, como lápices de colores, pinceles, rotuladores, etc., es imprescindible que antes haya adquirido una serie de hitos en su desarrollo.

Y ahora vamos a ver las principales conquistas que el pequeño tiene que ir adquiriendo a nivel psicomotor para el desarrollo de la grafomotricidad:

  • Alrededor de los tres meses, el pequeño o pequeña descubre sus propias manos, con las que se entretiene largo tiempo en ejercitarlas y conocerlas.
  • A los cuatro meses, gracias al conocimiento que ha ido obteniendo a partir de observar e interactuar con sus manos y al perfeccionamiento de su vista, se siente motivado a coger los objetos que se encuentran dentro de su campo visual.
  • Sobre los cinco meses, comienza a hacer uso de la prensión voluntaria: dirige la mano hacia donde quiere y es capaz de coger un objeto. Se trata de una prensión palmar; no coge los objetos con los dedos sino que los coloca debajo de su palma y cierra la mano para asirlos.
  • Cuando alcanza los seis meses, ya domina la prensión voluntaria pero sigue solamente cogiendo los objetos que se encuentran dentro de su campo visual.
  • Al cumplir los siete meses, su prensión gana un poco más de precisión al empezar a realizar lo que llamamos la pinza inferior: coge el objeto entre el dedo pulgar y el meñique, además de poder coger y dejar los objetos a voluntad.
  • A los ocho meses, por lo general, consigue otro gran hito; empieza a mover su dedo índice con independencia del resto de dedos de su mano. Se trata de un inicio pero es el paso previo al desarrollo de la pinza superior que empezará a realizar durante el próximo mes.
  • Como hemos comentado, a los nueves meses el pequeño o pequeña empieza a utilizar la pinza superior: coge los objetos entre el dedo índice y el pulgar, aunque ésta es todavía algo rudimentaria, ya que agarra los objetos por la parte media de sus dedos, no con la punta.
  • Alrededor de los diez meses, la pinza superior gana precisión porque comienza a coger los objetos con la punta de los dedos. En esta etapa, le entretiene recoger cosas pequeñas.
  • De los once a los catorce meses, la destreza manual que ha ido adquiriendo se hace más evidente y ejercita su mano en relación al conocimiento que ya tiene del espacio.

En este período que va de los once o los catorce meses, a los niños les encanta abrir y cerrar botellas, poner y sacar objetos de sitios concretos, encajar figuras. También y gracias a conseguir una mayor independencia del dedo índice respecto de la mano, empieza a explorar la tercera dimensión.

¡Atención madres y padres! Ésta es la etapa en que los niños muestran curiosidad por poner los dedos en todos los agujeros que encuentran (¡vigilad con los enchufes de la casa!).

  • De los quince a los dieciocho meses de edad, su dominio creciente de la prensión le permite construir torres de dos cubos, comenzar a comer solo (aunque como todavía no domina los utensilios, es fácil que le caiga la comida) y ya empieza a saber pasar las páginas de un libro, pero pasa más de una a la vez.
  • Entre los dieciocho y los veinticuatro meses, gracias a que es capaz de coger los utensilios con mayor precisión, se inicia en el ejercicio gráfico: coge los instrumentos para pintar (ceras, lápices de colores), y empieza a dibujar los primeros garabatos.

El niño o niña se estrena en la etapa del garabato incontrolado. Se trata de trazos impulsivos e incontrolados que realiza por puro placer motriz sin mirar lo que está haciendo. Es un ejercicio puramente motor, sin intención representativa.

De los dos a los tres años, ya es capaz de comer solo o sola sin ensuciarse y sobre los treinta meses, gracias a que empieza a coordinar la vista con la mano, comienza a realizar garabatos dirigiendo el movimiento de su mano: mira y guía lo que está dibujando.

Si el niño o niña no hubiera adquirido estas destrezas manuales básicas en los primeros meses de vida: jugar con sus manos, prensión voluntaria, prensión palmar, pinza inferior, pinza superior o pinza fina, aumento de precisión en la prensión, no sería capaz de iniciarse en la grafomotricidad que sentará las bases del aprendizaje de la lectoescritura.

No obstante, el desarrollo del proceso grafomotor es más complejo y necesita, como hemos visto, de un desarrollo motor previo de los segmentos superiores del cuerpo (manos, brazos, coordinación entre la vista y las manos) pero también de un desarrollo neurológico que se da a la vez. Por tanto, se trata de un proceso de maduración personal.

Cómo trabajar la motricidad fina: 2 divertidas actividades de psicomotricidad fina para niños y niñas de 2 a 3 años

Primer ejercicio: experimentar la grafomotricidad con la ayuda de las huellas de los dedos

La siguiente actividad plástica es muy sencilla de llevar a cabo, pues requiere de pocos materiales y, la podéis realizar tanto en casa como en la escuela.

Para ésta vamos a necesitar el siguiente material:

  • Botes de pintura atóxica infantil de varios colores. Podéis destacar especialmente los colores primarios: azul, amarillo, rosa magenta y otros que resulten llamativos: rojo, verde.
  • Platos de papel (o de otro material que tengáis) donde pondremos un poco de cada color de la pintura para dedos.
  • Láminas de algún dibujo o paisaje que sea del agrado del niño (si estamos en casa, podemos buscar láminas para colorear del dibujo predilecto del niño. En la escuela, podemos someter a votación 3 o 4 temas de los dibujos preferidos por los niñas y niños de la clase). En esta caso, he elegido un paisaje marítimo.
  • Batas escolares infantiles o ropa que pueda ensuciar sin problema.
  • Rollo de papel reciclado (para que puedan limpiarse durante la actividad).
  • Protectores de papel o plástico para la mesa.

Inicialmente, pediremos a los pequeños que nos ayuden a preparar el material para la actividad: poner los protectores de papel sobre la mesa, colocar un poco de pintura para dedos en cada recipiente (un recipiente por color, así aprovechamos para que trabajen la clasificación). De este modo, les hacemos partícipes y empezamos a crearles un poco de expectativa de lo que vendrá a continuación.

Y pasaremos a invitarles a sentarse en la mesa para hacerles una breve introducción del tema que van a pintar. En el caso del mar, les podemos ambientar cantándoles la canción «En el fondo del mar» (o aquella que más os guste) e incluso se la podemos dejar puesta mientras pinten sus dibujos.

Cuando ya todos estén dispuestos a pintar, les daremos una lámina a cada uno, con su nombre escrito en ella, que tenga algunos de los elementos de la canción dibujados. Como por ejemplo, el caballito de mar, el cangrejo, el delfín o la foca.

Les vamos a dar el tiempo suficiente para que coloreen, con la yema de sus dedos, su dibujo y para que disfruten del placer de sumergir los dedos en los recipientes de pintura para que, a partir de sus huellas y movimientos sobre el papel, vayan pintando.

En esta franja de edad todavía son muy pequeños para colorear figuras. Lo habitual es que cuando se cansen de dejar los huellas de sus dedos sobre el papel, empiecen a dibujar garabatos. No hay problema, vamos a dejar que ellos experimenten cómo les plazca.

Nosotros simplemente les damos un punto de partida: el de dejar sus huellas encima de las figuras del dibujo pero si prefieren empezar a dibujar garabatos: ¡adelante!

Lo que pretendemos es iniciarlos en el proceso grafomotor gracias a los primeros trazos que puedan realizar con las yemas de sus dedos. Esto les va a resultar más sencillo que colorear con utensilios y más divertido pues, en este caso, la herramienta de pintura son sus propios dedos.

De los dos a los tres años, es habitual que los niños y niñas tracen garabatos de formas circulares.

A medida que se adentran en esta etapa, empiezan a controlar sus garabatos. Ya son capaces de dirigir sus movimientos manuales, mirando y guiando lo que están dibujando.

Esto se da porque comienzan a coordinar la vista con la mano, lo que les permite intentar cerrar las lineas que dibujan (a menudo realizan garabatos circulares cuyo punto de llegada prácticamente se une al punto de inicio).

Esta coordinación visual manual también les permite respetar más los límites de la hoja de papel. Ya no se salen tanto como antes.

Segundo juego de motricidad fina: narración de un cuento representado con nuestras manos

En esta actividad de psicomotricidad fina vamos a explicar una historia, en la que los niños y las niñas van a imitar las principales acciones de los personajes con sus propias manos.

Por supuesto, les guiaremos en cada una de las acciones a representar y les diremos que nos ayuden a dar vida a los personajes de este peculiar relato, en el que nuestras manos van a ser las protagonistas.

Para ello, vamos a necesitar caracterizar nuestras manos con pintura de dedos atóxica. En la palma de la mano izquierda vamos a pintar una cara alegre y en la palma derecha; una cara triste. Podemos ayudarles en la caracterización de los personajes.

Si disponemos de una claqueta, escogeremos (bajo votación previa) un maestro de obras que dará el inicio y el cierre de nuestra pequeña obra teatralizada con las manos.

Una vez estén todos sentados en círculo, y dispuestos para nuestro peculiar cuento narrado, empezamos la función:

En un lugar muy lejano, situado en el extremo más alejado de nuestro planeta, existía un país en el que sus habitantes eran manos. ¡Solamente manos! (levantaremos todas nuestras manos).

Pero no todas las manos eran iguales. En la parte izquierda del país, vivían las manos felices (levantaremos nuestras manos izquierdas y las abriremos y sacudiremos bien para mostrar que están alegres). Y, en la parte derecha, las manos tristes (aquí levantamos nuestras manos derechas con desgana y los puños algo cerrados).

Pero bueno, ¿y por qué están tristes las manos derechas que viven en la mitad derecha del país? Vamos a ver qué pasa con ellas:

Las manos derechas se muestran perezosas buena parte del día (intentamos imitar un bostezo, colocando la mano con el puño suavemente cerrado y abriéndola lentamente como si formáramos una «o» que se abre lentamente a la vez que bostezamos).

Se levantan muy tarde (colocamos nuestra mano derecha, con todos los dedos juntos, en posición horizontal y vamos levantándola poco a poco).

Y siempre van andando despacio, muy despacito. (Aquí imitamos una mano que camina con desgana, alternando los dedos índice y corazón a modo de piernas).

Y cuando llega el final del día están tan cansadas por el aburrimiento, que caen desplomadas en su cama (colocamos la mano derecha con todos los dedos juntos, mirando hacia abajo, para abrir seguidamente todos los dedos y hacer que caiga la mano en el suelo con la palma bien abierta).

En cambio, en la parte izquierda del país viven las manos alegres. ¿Qué harán estas manos para estar de tan buen humor? Vamos a verlo:

Las manos izquierdas empiezan el día con alegría. Se levantan de un salto de sus camas. Damos un salto con nuestra mano izquierda y la hacemos pasar de la posición horizontal a la vertical en un rápido movimiento.

¡Y en cuanto se levantan se ponen a bailar! Hacemos bailar nuestras manos izquierdas girándolas de un lado a otro y moviendo cada uno de los dedos con ritmo y energía.

Cuando salen a la calle se divierten con todo lo que encuentran: bajan por los toboganes del parque, hacemos una especie de ola con la mano simulando que está bajando por el tobogán. Corretean las unas detrás de las otras. Representamos a las manos corriendo, en todas sus direcciones, con todos los dedos.

Y cuando llueve, sacudimos los dedos de la mano para imitar la lluvia que cae, no se van a esconder a sus casas, hacemos un no con el dedo índice de la mano, sino que juegan con los charcos de agua y se tiran agua las unas a las otras. Sacudimos los dedos como si fueran piernas que salpican agua.

¡Qué bien se lo pasan las manos izquierdas! ¿Por qué se lo pasaran tan bien? ¿Alguien de vosotros lo sabe?

Aquí les damos un espacio de tiempo para que piensen una respuesta.

¿Por qué se pasan el día jugando? ¿Cómo podemos ayudar a las manos derechas a ser tan felices como las izquierdas? ¿Alguien tiene una idea?

En este punto, vamos a dejar que fluya la imaginación de las niñas y los niños del aula.

Si estamos en casa, podemos realizar este cuento narrado con nuestro hijo o hija y un pequeño grupo de amigos. Es más divertido e interactivo hacerlo con un grupo de varios participantes.

Evidentemente, podemos repetir el cuento intercambiando los roles (haciendo que las manos izquierdas sean las tristes y las derechas las felices) y realizando nuevas acciones que impliquen movimientos variados con las manos. ¡Es cuestión de dejar volar la imaginación!

En este ejercicio de motricidad, trabajamos la destreza de las manos y también la lateralidad, la representación simbólica y la reflexión.

Juguetes para la motricidad fina: ¿en qué consisten?

Existen en el mercado gran variedad de juguetes que pueden ayudarnos a hacer aún más variadas las actividades psicomotrices que pueden realizar los niños y niñas.

Algunos de ellos consisten en puzzles o formas geométricas, adecuados a la edad del niño, donde tienen que encajar la pieza al lugar o hueco que por su forma le corresponde.

Son especialmente divertidos los juguetes donde el pequeño tiene que enfilar varias piezas, de tamaño relativamente pequeño, en un hilo o barra, ya que éste tipo de juegos pone en acción la precisión de la pinza y estimulan su coordinación oculomanual.

También hay juguetes que a la par que trabajan la pinza fina y la percepción visual, potencian algunos hábitos positivos como aquéllos en los que el pequeño tiene que tender varias fichas de madera o plástico, que representan piezas de la ropa, en una cuerda. Son los llamados tendederos de juguete diseñados para potenciar la motricidad fina del niño.

En resumen, encontraréis un sinfín de juguetes para estimular la psicomotricidad fina de los más pequeños. Personalmente, recomiendo los de madera, ya que son más agradables al tacto y porque se trata de un material más respetuoso con el medio ambiente que el plástico.

No obstante, muchos de estos juguetes os pueden resultar muy útiles para sacar ideas para elaborar vuestras propias actividades de psicomotricidad fina.

¡Y hasta aquí el artículo de hoy!

Espero que pongas en práctica estos 2 maravillosos ejercicios de motricidad fina para que las niñas y niños disfruten mientras aprenden.

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